"When I was a child I caught a fleeting glimpse
Out of the corner of my eye.
I turned to look but it was gone
I cannot put my finger on it now
The child is grown, the dream is gone.
I have become comfortably numb."
Hay una
verdad universal que nadie puede negar: a este mundo llegamos solos y
partiremos de él de la misma manera. Así y todo, es una gran ironía
que le tengamos tanta aversión a la soledad. Es entonces
cuando muchos de nosotros eligen rodearse de gente para no quedarse
solos... con ellos mismos.
Pero lo
que más debería importarnos es que en el camino podemos encontrar
seres que nos van a acompañar de diferentes maneras. Algunos se
quedan, otros pasan como una estrella fugaz. Algunos nos transforman
para siempre porque nos tocan el alma. Otros nos hacen pedazos el
corazón, nos trauman, nos paralizan, nos implantan un miedo ridículo
a seguir abriendo la puerta a quienes pueden cambiarnos la vida.
Y el tema
es que podemos ser muy cobardes. Hemos adoptado esa manía patética
de “hacer de cuenta que” para no “dar la idea de que”, para
“seducir”, para “histeriquear”… Y mientras tanto, los
granos de arena siguen cayendo y no hay forma de que vuelvan atrás.
No
valoramos y nos acostumbramos a que no nos valoren. Nos metemos en un
personaje para protegernos, para preservarnos… ¿Dónde quedó la
autenticidad? Quedan muy pocos valientes. Ya nadie se juega. Es
demasiado arriesgado y ésta es la era del confort, de la ley del
menor esfuerzo, de lo inmediato y lo banal.
Y es una
verdadera pena.